En los años 80, los narcos en Coruña vivían en un mundo donde el dinero fluía en cantidades tan colosales que resultaba imposible de contabilizar. Para algunos, como los protagonistas de esta historia, contar billetes era una tarea tediosa, mientras que otros lo disfrutaban.
La Fortuna Incalculable de los Narcos
Durante los años 80, los narcos en Coruña amasaron fortunas que parecían sacadas de una novela. Las cuentas eran tan vastas que algunos comparaban sus operaciones con las de la mafia napolitana, como describe Roberto Saviano en su libro ‘Gomorra’. Las transacciones se realizaban en efectivo, y el volumen de dinero era tal que muchos simplemente perdieron la capacidad de llevar una cuenta precisa.
La Dinámica de las Operaciones
Las operaciones consistían en mover grandes cantidades de mercancía, como tabaco, con márgenes de ganancia que rápidamente se convertían en millones. Un ejemplo ilustrativo es el de una transacción que podría generar 100 millones de pesetas en ganancias, una cifra que incluso los propios involucrados encontraban difícil de procesar. La facilidad con la que se movía el dinero era tal que algunos preferían ser generosos con los beneficios, asegurando el flujo continuo del negocio.
El Dinero: Una Bendición y una Maldición
Para muchos narcos, el dinero terminó siendo tanto una bendición como una maldición. Mientras que algunos socios disfrutaban el proceso de contar y gestionar el dinero, otros lo consideraban una carga. La abundancia era tal que algunos trabajadores incluso planchaban los billetes, reflejando una relación casi ritual con el dinero, en contraste con aquellos que lo veían como una simple herramienta para sus operaciones diarias.
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Lección clave
La verdadera riqueza no se mide solo en dinero, sino en cómo gestionamos y percibimos su valor en nuestras vidas.
Fragmento de transcripción
que con lo que me deben a mí, tú y tu familia trabajas el resto de tu vida. Nietos, bisnietos, tantos nietos. Y hoy en día no me conocen. Tú has ganado muchísimo dinero, ¿no? Sí. Y he dado muchísimo y me han robado cantidad. Para que nos hagamos una idea, porque no sé si conoces a Roberto Saviano. Roberto Saviano ha hecho un libro de la mafia napolitana, la Gomorra, y hablaban, se ha infiltrado en la mafia también mexicana, y hablaban de que pesaban, no sabían ni cuánto dinero tenían. Nunca. Nunca es nunca. Y te voy a decir más. Conocí una persona italiana que estaba en Suiza, que no podía estar en Italia, que es la persona más legal que he conocido en mi vida. Hacer las cuentas con él era muy sencillo, muy sencillo. Le dábamos esto al 50% de beneficios, al 50, bomba. Hacer las cuentas. Y la parte mía, ¿cuánto eran? 85 millones de pesetas, por ejemplo, ¿no? Él dice no, lleva 100. Dije no, 85. No, no, no. Lleva 100, que tú trabajas más que yo. ¿Cien millones de pesetas? ¿Cien millones de pesetas? ¿Quién quieres? Hombre, tú coge ahí una calculadora. Si descargas 15.000 cajas de tabaco, o 20.000 en un mes, y aunque no le ganara más que 2.000 pesetas limpias en caja, 20.000 cajas son 40 millones de pesetas. Y todo eso en efectivo. Sí, sí. O sea, tú has visto billetes y billetes y billetes, montañas de billetes. A mí, si me quieres tener cabreado, pongo a contar dinero. Prefiero acabar con la azada que contar dinero. Odio contar dinero, no me gusta. Te lo juro por Dios, no me gusta. Sin embargo, he tenido algún trabajador y socio mío que disfrutaban contando dinero. Y tenía algún cliente que me compraba tabaco, defunto de Ricardo, bien lo sabe Dios, que éste planchaba los billetes, los pegaba con papel de celo y le echaba colón a Barondán y le le causaba. Pero disfrutaba, Ricardo disfrutaba contando dinero, en serio. Y yo lo odiaba.
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