En el mundo del emprendimiento, las promesas pueden ser tan valiosas como los contratos. Bernat, en una conversación casual con su socio, prometió regalarle un Porsche rosa si alcanzaban el éxito. Lo que comenzó como una broma, terminó en un acto tangible que refleja la esencia de su sociedad.
El origen de la promesa
Durante una de las muchas conversaciones sobre el futuro de su empresa, Bernat hizo una promesa que en aquel momento parecía poco más que una broma: regalarle a su socio un Porsche si lograban vender la compañía. Esta promesa se dio en un contexto donde el éxito aún parecía lejano. Sin embargo, este gesto simbolizó la confianza y el compromiso entre ambos socios, cimentando su relación más allá del ámbito meramente profesional.
El momento del Porsche rosa
Meses después de un exitoso acuerdo, Bernat cumplió su palabra de manera espectacular. En un evento público, apareció con un Porsche pintado en rosa, tal como había prometido, con un mensaje claro: ‘From Bernie, as promised’. Aunque el color rosa fue eliminado posteriormente, el impacto del gesto perduró, simbolizando la culminación de un sueño compartido y la capacidad de transformar una broma en realidad.
Más allá del materialismo
El regalo del Porsche fue mucho más que un lujo material. Representó el respeto a las promesas hechas en el camino hacia el éxito. Para Bernat y su socio, el auto era una manifestación del viaje compartido, de las bromas convertidas en compromisos y de la amistad que se fortaleció con cada desafío superado. Este acto demostró que en los negocios, gestos como estos pueden ser tan importantes como los propios logros financieros.
Lección clave
Las promesas en los negocios pueden fortalecer relaciones y simbolizar el éxito compartido, más allá de lo material.
Fragmento de transcripción
Vale. O sea, fue un respiro… ¿Alguien se compró un Porsche? No. ¿Alguien regaló un Porsche a alguien? Es correcto. Esto se ha publicado. Esto se ha publicado y creo que la historia es buena y dice cosas buenas de nosotros como socios. Al final, nosotros en esta montaña rusa, durante… Mientras estamos escalando Holdet, hay un día en el que Bernat y yo teníamos una pequeña diferencia de acciones, que él tenía algo más por un pasado histórico mío, mis socios anteriores tenían una parte y tal. Bueno, no es muy relevante, pero simplemente un día en una conversación me dice que no se preocupe, que si un día lo vendemos, yo te regalo un Porsche para salvar la diferencia. ¿Eso quién le dijo a quién? Bernat me lo dice a mí. Y yo, venga. Pero me dice, pero te lo regalaré en rosa. Y yo, bueno, venga, va. Perfecto, ¿no? Total, que bueno, al final… ¿Cómo de en serio era eso? ¿O era una tontería como una catedral? Bueno, yo soy bastante… No, luego pasó. Se dice muchas tonterías. Bueno, probablemente era una tontería, porque ni te estaba hablando en un momento en el que un potencial éxito estaba a años luz. O sea, no era algo… No era una realidad próxima, ni mucho menos. Y entonces, hay un día que yo estoy con mi mujer, que está inaugurando una tienda al lado de Rambla, Cataluña, y justo me llama para hacerme el lío de… Estoy saliendo de no sé dónde. Ah, perfecto. Pues nada. Y de repente, yo estaba ahí fuera de esta tienda y un amigo mío que miraba hacia la calle me dice que mira a ese tío que le han pintado el porche. Y me giro y lo veo a este con un porche y todo pintado en rosa. Que ponía From Bernie, as promised. Y me cago en esos muertos, qué vergüenza. Está aquí todo el mundo de la inauguración de la tienda. Y yo, tira para allí, para la esquina. Vete de aquí, pero que no te vea nadie. Y la verdad que… A ver, fue un momentazo. O sea, fue… ¿Y lo sigues teniendo? Por supuesto, claro. ¿Lo has pintado? Bueno, le quité la esprayada en rosa porque por suerte tuvo la decencia de hacerlo con un spray que con unas cuantas horas de rascar se iba. Pero sí, sí. O sea, compras un porche nuevo, vas al concesionario porche. Aquí en Barcelona hay uno. ¿Compras con la tarjeta? Sí, transferencia. Me voy a decir qué tarjeta tienes que tener para comprarte el porche. Y vas al Heroi Merlin y compras un spray para pintarlo. Amazon, porque no me gusta ir a las tiendas, pero sí, sí, compré el típico Plastidip, no sé qué es. Hace años habíamos pintado una moto, la típica, con una pintura de estas que se convierte en plástico. ¿Y eso al día, al mes de vender la empresa o al cabo de un tiempo? No, esto había pasado cuatro o cinco meses. La historia real es que yo dije… Vale, pues yo también quiero un porche. Porque creo que los dos somos muy de producto y nos gustan las cosas. ¿De producto? A mí me encantan los productos. Yo también soy muy de producto. Por si a los Bernats les gusta regalar porches, yo soy de producto. Bueno, y compré dos. Entonces, cuando compré dos, les regalé uno a Javi. Los dos íbamos con el mismo coche. Al final, ya no era tanto un tema material, era más algo que cuando éramos pequeños, inocentes, se dijo en broma que al final se te queda grabado. No es una cosa que pienses cada día. Hostia, la tengo que regalar. No haces ni los números. Si eso es más la diferencia, menos de la diferencia. Ni me importaba. Creo que hay una parte de cuando éramos pequeños que tienes que respetar. Es lo que nos llevamos.
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